La fragmentación del conocimiento

Horacio Torvisco Pulido-Rebelión

La superación práctica de esta fragmentación de la que se habla, en una realidad planetaria cada vez más compleja y “líquida”, exige una acción práctica en diferentes etapas, que van desde la formación intelectual, donde se debe incidir desde sus comienzos en actitudes abiertas que posibiliten habilidades cognitivas para situarse en nuevos y cambiantes escenarios, hasta la forma de trabajar en las universidades y centros de investigación, donde el mestizaje intelectual y los grupos multidisciplinares sean la norma y no la excepción del futuro. Los retos que esperan a la Humanidad son de tal calado que se necesitará el concurso inevitable de la ciencia y de las humanidades.

Introducción

la actual fragmentación del conocimiento y el caos resultante en la filosofía no son reflejos del mundo real, sino artefactos del saber” [1]

 

La fragmentación entre las distintas ramas del saber es un asunto presente en el momento actual, algo que ocurre entre las diferentes disciplinas pero que tiene una especial relevancia en lo que se conoce como ciencias y humanidades, algo que con el paso del tiempo y la organización del conocimiento no parece remitir.

Este trabajo intenta reflexionar sobre distintas razones que invaliden esa visión fragmentada del conocimiento.

Algunas causas que intentan justificar esta fragmentación

El conocimiento y los campos del saber que se van abriendo son tan amplios que con el fin de avanzar más rápida y eficazmente en su estudio y desarrollo se han ido especializando, cada vez más, en sus diferentes disciplinas.

A partir de la revolución industrial, donde se detecta que la ciencia y la tecnología son elementos básicos para el desarrollo y mejora de la producción industrial, convierte al hecho científico-tecnológico en algo fundamental en el proceso productivo y de innovación industrial, dándole un importante poder de decisión a los dueños de los medios de producción, permitiéndoles, de manera significativa dirigir los esfuerzos científicos a aspectos relacionados con la mejora productiva de forma prioritaria y casi excluyente. En ese escenario las humanidades resultan un cuerpo extraño en este entramado del conocimiento por su inutilidad en esa instrumentalización, e incluso, por su posible componente crítico hacia el propio sistema imperante.

En sus orígenes el moderno conocimiento científico tuvo que enfrentarse con el poder de la jerarquía católica y su visión teológica del mundo, no en vano, dos científicos/filósofos, se habían atrevido a desbancar del centro del Universo, Copérnico, y del regazo de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, Darwin, a la criatura humana. Una visión, la teológica, que no aceptaba explicaciones sobre la existencia del universo y del ser humano que se apartasen de la ortodoxia de su propio magisterio, imponiéndola por todos los medios, incluso de forma violenta en muchos casos. Esto devino en una ancestral desconfianza entre ciencia y teología.

Finalmente, no es ocioso señalar en esta breve e incompleta casuística, la diferente forma en que cada conocimiento se expresa en la argumentación de sus contenidos. Predominando el lenguaje matemático y objetivo en las ciencias, y una forma más literaria en las humanidades. Aunque, y tal como señala A. Damasio, no sólo es eso en el caso del lenguaje científico:

“…la voz del científico no tiene por qué ser el simple registro de la vida tal como es; el conocimiento científico puede ser un pilar que ayude a los seres humanos a resistir y prevalecer.”[2]

Luego existen varias causas que intentan justificar, de alguna manera, esa fragmentación del conocimiento y lo que es peor, en la versión más radical, una narración dicotómica que establece que sólo puede ser plausible una u otra, negando la posibilidad de que exista una suerte de cooperación que ayude a entender de forma más completa la realidad. Una dicotomía que intenta contraponer teóricamente dos formas diferentes de entender la realidad, impidiendo, además, que ambas, en una creativa y honesta tensión política e intelectual puedan actuar como vectores de desarrollo de la Humanidad.

Razones a favor de una visión complementaria de la realidad entre ciencia y humanidades

El conocimiento, que posteriormente se convierte en acción práctica, necesita cada vez más de la utilidad generosa y de la lucidez racional, para entender y atender los problemas que atañen al humano, como la explosión demográfica, la destrucción de la biodiversidad del planeta, el despilfarro y consiguiente escasez de recursos naturales como el agua, posibilidades e incertidumbres de la ingeniería genética, descontrol programado de los mercados y la economía, migraciones masivas, insuficiencia de los estados nacionales como marco de la vida política, etc. Asuntos estos que, de no resolverse de manera satisfactoria, serán un obstáculo insalvable en la estabilidad y bienestar mundial.

La ciencia y las humanidades en un acto de convergencia y trabajo multidisciplinar en la producción de conocimiento, deben elaborar visiones políticas, sociales y económicas del mundo, en lo que a producción, reparto y consumo de bienes se refiere, de forma responsable dándole un sentido que dignifique al humano y respete al medio natural, incluso reprobando esa discutible racionalidad que identifica siempre lo bueno con lo más eficaz y con el máximo beneficio, cosificando al ser humano.

En el sentido que aquí se está considerando, la economía es una de esas ramas del conocimiento que se mueve de forma un tanto escurridiza entre la ciencia y las humanidades. Independientemente del interés con que determinados economistas la intentan ubicar en un estatus científico incontrovertible con el argumento de que su relato económico se fundamenta, cada vez más, en el lenguaje matemático. Esta visión un tanto sesgada no considera que anterior al uso de esas matemáticas hay todo un proceso de estudio, valoración y toma de decisiones que tiene mucho más que ver con el comportamiento ético humano y con intereses políticos y sociales, que con la racionalidad matemática.

Existen más ejemplos referidos a la física, a la biología o la medicina[3], donde el trabajo cooperativo entre las ciencias y las humanidades queda aún más justificado, no tanto para discutir, cuestionar, o consensuar leyes físicas o descubrimientos en el funcionamiento de la genética de los seres vivos, sino para alcanzar puntos de entendimiento social de hasta dónde, cómo, y a qué ritmo, el humano debe adentrarse de manera práctica en las oportunidades que la ciencia ofrece. En definitiva, sería darle un sentido democrático y éticamente responsable al principio de que “ no todo lo que puede hacerse debe hacerse” y ahí es donde cobra su máximo sentido esa visión colaborativa de todas las ramas del saber, enriqueciendo y enriqueciéndose de esa cooperación.

Uno de los argumentos que intenta justificar esta fractura progresiva del conocimiento, como ya se señaló anteriormente, es el de la eficacia que se alcanza con la especialización, un argumento no desdeñable, pero sí quizás matizable. La ciencia, como algo que produce el humano se realiza en contextos sociales, no es sólo el resultado del trabajo del científico en un laboratorio, es, sobre todo, la experiencia de personas y actos que influyen y son influidos por el contexto social, que buscan dar soluciones a problemas de personas no a abstracciones que nada tengan que ver con ellas, e incluso, pueden representar intereses más particulares o individuales éticamente cuestionables[ 4]. Además, esa visión que muchas veces se da de la actividad científica totalmente neutra, objetiva y limpia de cualquier subjetivismo, frente a las humanidades preñadas de subjetivismo y de relativismo es algo cuestionable.

“… tal vez la razón no sea tan pura como la mayoría pensamos o desearíamos que fuera, puede que las emociones y los sentimientos no sean en absoluto intrusos en el bastión de la razón: pueden hallarse enmallados en sus redes, para lo peor y también para lo mejor” [5]

Un contexto social que para ser comprendido y explicado requiere que no sean separados los elementos básicos de los que se compone. La complejidad que acontece en la realidad implica tener en cuenta esta fundamental relación entre el todo y las partes, que van desde la economía a la física o a la biología, pasando por la política, o la psicología e incluso la mitología.

“… la supremacía del conocimiento fragmentado según las disciplinas impide a menudo operar el vínculo entre las partes y las totalidades y debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades, sus conjuntos.” [6]

En lo que se refiere a los detentadores de los medios de producción y teniendo en cuenta que el principal elemento que condiciona la propiedad de los medios de producción actual es el dinero y su representante más genuino el capitalismo financiero, se configura un hecho científico donde los parámetros que rigen su funcionamiento están condicionados por una visión economicista, desatendiendo áreas específicas relacionadas con las ciencias sociales y las humanidades. Sin ir más lejos dentro del VII Programa Marco, principal instrumento de financiación de proyectos de I+D de la Unión Europea durante el periodo 2007-2013, el peso específico del apartado “Ciencias socioeconómicas y humanidades”, representó sobre el total el 1,23% [7] . Este control, mediante la asignación de recursos financieros, es un elemento básico y condicionante del desarrollo práctico y teórico del conocimiento en general, con responsabilidades en esta fragmentación a la que se está aludiendo.

 Para terminar

La superación práctica de esta fragmentación de la que se habla, en una realidad planetaria cada vez más compleja y “líquida”, exige una acción práctica en diferentes etapas, que van desde la formación intelectual, donde se debe incidir desde sus comienzos en actitudes abiertas que posibiliten habilidades cognitivas para situarse en nuevos y cambiantes escenarios, hasta la forma de trabajar en las universidades y centros de investigación, donde el mestizaje intelectual y los grupos multidisciplinares sean la norma y no la excepción del futuro. Los retos que esperan a la Humanidad son de tal calado que se necesitará el concurso inevitable de la ciencia y de las humanidades.

Lo interesante sería que los científicos tuviesen en cuenta en su trabajo esa visión de los asuntos que se ocupa de la historia de la ciencia, de la condición humana y de los contextos sociales en los que llevan a cabo su trabajo, algo sobre lo que las humanidades vuelcan su tiempo y estudio, evitando así que su trabajo esté regido por una razón instrumental donde el pensamiento y la razón quedan reducidos a una suerte de algoritmos de alta productividad económica. Asimismo, y en el caso de las humanidades, pensar y elaborar su trabajo teniendo muy en cuenta las valiosas aportaciones que la ciencia, en sus diversos campos está ofreciendo, y que van más allá de considerar a ésta, simplemente, una forma más de conocimiento. Esto permitiría a las humanidades ampliar sus horizontes de la realidad física del mundo y las personas, y estar en mejores condiciones para la producción de reflexiones y explicaciones más consistentes.

NOTAS:

[1] “Consilience” La unidad del conocimiento. Edward O. Wilson. Editorial Galaxia Gutenberg. Página 15.

2 Antonio Damasio. “El error de Descartes”. Pág. 289. Editorial: Drakontos.

3 En el campo de la medicina existe diferencia entre los conceptos: “tratar la enfermedad” a “tratar al enfermo”. El primero sería un ejemplo de conocimiento fragmentado y el segundo de conocimiento complementario.

4 “… Algunos historiadores demostraron que la visión genética provenía de una perspectiva particular sobre lo vivo, que en la década de 1940 gozó del respaldo económico imprescindible de la Fundación Rockefeller, la cual financiaba un gran número de centros de investigación en el ámbito de la sanidad y que, más adelante, fue sospechosa de alentar la eugenesia”. LE MONDE diplomatique, diciembre 2015. ¿Cómo se justifica la autoridad de las ciencias? Pablo Jensen.

5 Antonio Damasio. “El error de Descartes”. Pág. 10. Editorial: Drakontos.

6 Edgar Morín. “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”. UNESCO.

http://www.cdti.es/recursos/ Pág. 7. Consultado 23_01_2016.

 

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