El autor no crea, sólo “aumenta, mejora o agranda”

La etimología da la razón a la cultura libre.

Santiago Garcia Gago.

 

Quienes defienden el derecho de autor a ultranza argumentan que el “autor” o la “autora” son aquellos que plasman una idea en una obra original. Y subrayan lo de original.

En cambio, quienes creemos que la cultura y el conocimiento deben ser libres y abiertos, recurrimos al argumento de que todas las creaciones del intelecto son colectivas.

Nadie nace con su cerebro lleno de ideas y conocimientos. Los adquiere mientras crece en la familia, en la escuela o en la calle. Somos un fruto cognitivo de la cultura y la sociedad que nos rodea.

Por eso, cualquier creación no es sólo del autor o la autora que escribe un libro o compone una canción. Esa obra también pertenece a todos quienes de alguna manera han contribuido con la formación e inspiración de esa escritora o ese compositor.

Este es uno de los motivos por los cuáles el derecho de autor nace con fecha de caducidad. Por ejemplo, el derecho a la propiedad de una casa nunca prescribe y siempre será de la persona que la compró y de sus herederos. en cambio, los derechos patrimoniales que permiten lucrar de los derechos de autor terminan después de unos años y esa obra pasa a dominio público.

En primer lugar, porque la sociedad entiende que por encima del derecho del lucro del autor hay también un derecho más amplio que es el que tiene la sociedad de acceder a la cultura y al conocimiento. Pero también, porque esa misma sociedad ha entendido que esa obra fue creada en gran medida gracias a una inteligencia colectiva que enriqueció al autor y, por lo tanto, a esa misma colectividad debe regresar.

En la antigüedad no había ninguna duda al respecto y la etimología de la palabra autor lo demuestra. Autor proviene del término latino auctor que significa promotor o impulsor y deriva del verbo augere cuyo significado es “agrandar, aumentar, hacer mayor”. Los autores y las autoras no son entonces quienes crean algo original, sino quienes toman algo que ya existe, le dan su estilo, lo mejoran o lo personalizan.

No hay creaciones originales. Todas, en mayor o menos medida, son aumentos o mejoras de algo que existía anteriormente y que se ha ido creado de forma colectiva con aportes de muchas y muchos.

Haciendo caso a la etimología, los defensores de la orginalidad como atributo máximo de los derechos de una autor deberían cambiar de argumento. Y atendiendo a esa misma etimología, los defensores de la cultura libre encontramos otra razón más para promover la idea de que toda creación es colectiva y a la colectividad debe regresar de forma libre y abierta.

 

http://radioslibres.net/

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